martes, 7 de octubre de 2014

El “No voy a poder”



Es sabido que los mandatos familiares dejan en nosotros una marca que habrá de condicionarnos. Un niño que creció estimulado por sus padres, quienes lo valorizaron y cimentaron su autoestima, ya de adulto tendrá más posibilidades de ser un hombre seguro de sí mismo. En cambio, si un niño es desalentado y menospreciado por sus padres, no contará con una autoestima adecuada y en un futuro adulto podría sentirse inseguro. Estos mandatos parentales que alguna vez fueron externos, con el tiempo son incorporados por el sujeto y actúan desde su inconsciente.
Sin embargo, no todos los mandatos provienen de los otros. También están esos otros mandatos que nosotros mismos “decretamos” sin pensar en sus consecuencias. Uno de ellos, quizás el más nocivo, es sin duda el “no puedo”. Cada vez que una persona asegura no poder, tal vez esté cerrando una puerta a la posibilidad. Se detiene allí. No importa si su tendencia al “no puedo” es consecuencia de su historia pasada. Seguramente lo es. Pero aferrarse a su pasado para seguir castigándose a sí mismo, no redundará en ningún beneficio. El “no puedo” determina, por lo pronto, que hay un camino que ya no se transitará.  Ya sea porque el problema nos resulta complejo o porque el miedo al siguiente paso nos desborda, el hecho de que decretemos que no podemos, supone poner un punto final. Y por propia decisión.

Muchos pacientes acuden a un consultorio psicológico con una sumatoria de “no puedo” en sus discursos. Quieren cambiar de empleo, pero no se animan a buscar uno nuevo; quieren poner fin a una dolorosa relación de pareja y no lo hacen; quieren dejar de ser el felpudo de los otros y empezar a poner ciertos límites, pero ni siquiera lo intentan; dicen que necesitan de nuevos vínculos sociales y solamente van de la casa al trabajo.

Y en cuanto se les cuestiona semejante decreto, no tardan en recurrir a un sinfín de justificaciones. ¿Falta de confianza? ¿Dudas? ¿Culpa? ¿Acaso los ayuda en algo semejante postura?

Cada vez que en nuestro camino surge un “no puedo”, de alguna manera, volvemos a ser presa del deseo y los designios de los demás. Si, en cambio, estamos alertas a esos “no puedo”, podremos reaccionar ante ellos cuando aparezcan. Sólo se trata de que los tomemos como un desafío. Para decirlo de una manera sencilla: si queremos algo y sentimos que no podemos, ¡hagámoslo igual! El resultado nos va a sorprender.
Y para terminar, la frutillita de la nota: "Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?" Salmos 27:1 


Fuente: Psicólogo Daniel Alejandro Fernández by Esteban Maldonado

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